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Glire

Poisoning with words

Primero leo, luego reseño, después existo.

Liubliana

Liubliana - Eduardo Sánchez Rugeles En jerga venezolana: esta vaina si es buena. Una historia venezolanisima, de esas que marcan y no se olvidan, que sin tapujos nos muestra lo que significó crecer en la Venezuela de los 80s y 90s. Que particularmente me tocó de manera personal, porque lo recuerdo todo, porque lo viví todo y lo sigo viviendo: la ilusión de la tierra prometida, el inicio de la Revolución, el paro petrolero, la tragedia de Vargas, el estancamiento y, sobretodo, la involución.

"En el resto del mundo dos años puede ser un lapso razonable, un tiempo de reflexión, de espera; pero en Venezuela dos años son una tortura. Los días no pasan, todo es lo mismo, siempre es lo mismo, la universidad es mediocre, la ciudad es mediocre, tus amigos son mediocres. No hay agua, no hay luz, las autopistas se caen a pedazos. No lo soporto. Todos los días me lo pregunto: ¿qué coño hago yo aquí? ¿Estudiando? Tienes que ver en lo que se ha convertido esa universidad. Más que aprender, en los últimos años he olvidado las cuatro cosas que sabía."


Todo esto cimentado en el secreto a voces mas grande de Venezuela: el desarraigo.

"El mal es Venezuela. A ese país deberían dinamitarlo, lanzarle una bomba atómica. El infierno está en la Tierra y queda en Caracas, es así. Yo lo sé. (...) A nosotros Caracas nos hizo ser los infelices que somos.Perdimos el partido porque nacimos ahí, nunca tuvimos una oportunidad de nada. Nuestro tren pasó, Gabriel, y lo dejamos pasar. Lo dejamos pasar porque nos enseñaron que ninguno de esos trenes era para nosotros, porque nos dijeron que teníamos que echarle bolas caminando y, lo peor, nos dijeron que caminar era de pinga.

Nuestra generación no vale ni media mierda. Nosotros perdimos. Heredamos una idea de país arrechísimo, una vaina con real, con petróleo, con culos, con futuro pero todo fue un bluff, todo era pura paja."


Pero también muestra el dolor de tener que abandonar tu país, a tu gente. El sentimiento imperioso -pero triste- de todos los jóvenes (incluyéndome) de que para surgir hay irse.

"Yo sabía perfectamente que esa ciudad estaba maldita. Sabía que la vida no tenía valor; que, en cualquier momento, una bala perdida podía destrozarme la cabeza; que mi fallecimiento sería solo una gélida cifra en una estadística inútil e incompleta. Sabía que el poder estaba en manos de un grupo de mercenarios. Creí saber tantas cosas… Pero, maldita sea, cómo me dolió partir; qué difícil fue entrar a Maiquetía con la certidumbre de la fuga, con el decreto de expulsión, con el título nobiliario de extranjero."


Es imposible leer esto sin conmoverse, sin sentirse identificado, sin que te duela tu país. Este libro es un retrato de la Venezuela contemporánea, que incluye, además, elementos de thriller, misterio, amor, comedia negra y mucha locura; haciendo de Liubliana, un excelente instrumento de reflexión, uno de los mejores libros que he leído y una lectura obligada para todos los venezolanos.